«Tuve que volver a mi época de chamito, cuando salía a trabajar con mi papá la jardinería. Los fines de semana o los días que no tengo guardia, camino por las urbanizaciones del este y arreglo la grama o las maticas de la gente, limpio frentes y hago otros trabajos para poder rebuscarme», asegura el joven.
El funcionario declara que hace meses que no ve el bono de seguridad que les habían estado pagando, ni la prima por hijos, ni nada añadido, más que la quincena y el bono de 50% que comenzaron a pagar con la cuarentena.
Otra funcionaria, quien tiene ya 4 años en el cuerpo y es oficial grado 2, vende sandalias, carteras y bisutería en redes sociales, negocio que ha levantado con su esposo. «Cuando tuve a mi primer hijo, mi esposo tenía algo de ahorros y decidimos vender mercancía para mantener a la familia. Eso fue hace tres años que ya la cosa en Polilara estaba dura. Hace un año con mi segundo hijo, volvimos a invertir y lo hemos mantenido, porque mi salario es muy poco», afirma otro de los oficios que han tenido que desarrollar los funcionarios para aguantar la pela de la hiperinflación y la crisis económica que reina en Venezuela.
La «femenina» asegura que se mantenía en la policía por los beneficios, pero que hace un mes se dio cuenta que ni siquiera contaban con un buen seguro de salud. «Tuve apendicitis hace un mes y la operación me la hicieron en el Hospital Central, pues el seguro de la policía no alcanzaba ni para hacerme los exámenes de sangre. Todo salió de nuestros bolsillos. Si me matan en la calle tampoco tendré servicio funerario, eso ya lo averigüé», revela.
Funcionarios declararon que tienen una pequeña bodega en su casa. Otro con rango de supervisor jefe aseguró que maneja una buseta los días libres, así como hay otros con rangos superiores que hacen de escolta y seguridad en negocios, para «bandearse».
«El trabajo de escolta es peligroso, pero gano 10 veces lo que veo de sueldo en Polilara. Siempre en mis días libres tengo chamba segura. Antes también cuidaba negocios y llegué hasta vender ropa y mercancía para resolver el salario, que antes era poco, pero uno se pudo comprar algunas cosas con lo que ganaba. Ahorita ni un pollo se puede comprar», dice.

